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26.10.10

SE APAGAN LAS LUCES Y SE VAN LAS VISITAS

Como en el tango, ellos también ya entraron en nuestro pasado. Ayer, poco después de las 10:30, un impresionante bus con aire acondicionado los dejó sobre la calle Agustinas, cruzaron toda la Plaza de la Constitución acordonada de rejas para que los ovacionaran un puñado de 200, 300 a lo sumo, entusiastas compatriotas, e ingresaron a una engalanada y emperifollada Casa de la Moneda por la parte de atrás. Se constituyeron en un fenómeno tan singular que un matutino ascético, poco propenso a los efluvios literarios como La Nación de los Mitre, su corresponsal en Santiago, vaya a saberse afectado por cuál súbito y transitorio mal hizo el despacho de este incidente de la siguiente forma: Vestidos formalmente, de saco y corbata, los mineros fueron aplaudidos como estrellas por cientos de personas que se congregaron frente al palacio presidencial para verlos caminar por la larga alfombra roja que atravesaba la céntrica plaza de la Constitución. Después de esto volver a mirar la foto que abre esta entrada por lo menos hace recorrer un escozor.
No es un furcio ni un resbalón menor, sino un dato a tener en cuenta. Como sea, sobre la alfombra producto de alucionaciones o el piso de común de la plaza, ingresaron al viejo Palacio de Toesca, donde se acuñó la primera moneda del nuevo continente, y tuvieron un aparte con el presidente Sebastián Piñera en el primer piso y luego bajaron a una insulsa ceremonia oficial, como toda ceremonia, donde arrancaron con el himno, se dijeron las palabras que se dicen siempre, recibieron ofrendas y las condecoraciones como Héroes del Bicentenario y de ahí se fueron al Estadio Nacional de triste memoria a darle rienda suelta al populismo y la terminaron como la tenían que terminar, esto es, con chivito asado.
Como paliativo, claro, a la tarde ligaron una moto de diez mil dólares cada uno, pero ya están empezando a acusar los golpes de los excesos del alcohol y la incertidumbre de un futuro amenazante a pesar de todas las regalías después de tanto sufrimiento y heroísmo. Los 33 han puesto su nombre en la historia. En la de Chile y en la del mundo. De esto no se puede decir nada. Pero como 33, no como personas. No se trata de buscarle la quinta pata al gato, pero desde el 13 de octubre, cuando las 1.200 millones de personas por tevé quedamos con la boca abierta y los ojos llenos de lágrimas al verlos emerger de la tierra no hubo un sólo minuto de silencio para los 55, a secas, sin mayúsculas ni resaltados, compañeros que ya estaban abonando la tierra en lo que iba del 2010, producto de otros derrumbes a lo largo del mapa chileno. De ellos no se acordó nadie.
El multimillonario Sebastián Piñera es un personaje bastante singular y tiene una particular propensión a meter la pata. En la gira previa que se mandó con Europa su mujer le tuvo que llamar la atención y que la terminara con andar sacando del bolsillo el papelito original que escribió con marcador el minero José Ojeda y ya célebre frase ESTAMOS EN EL REFUGIO TODOS BIEN LOS 33. En la agitada noche del 12 de octubre, cuando ni siquiera se pudo hacer un beta test con la Fénix 2, otra vez Cecilia Morel, su mujer, lo tuvo que parar discretamente en seco porque se la pasaba preguntando entre los rescatistas si la cápsula era segura. Se quería mandar: "Un presidente tiene que estar siempre primero", trató de argumentar y no se tiene registro de la réplica conyugal, pero al él se le fueron los delirios de llegar como El Llanero Solitario a 622 metros de profundidad con hombres que habían roto contacto con la realidad hacía 69 días. En Alemania le tendrían que haber dicho que una de las materias grises del nazismo advirtió que la repetición del estímulo causa la cesación del estímulo y que la gente ya tenía los quimbos llenos con el asunto. Estaba banalizando una proeza para sacarse una foto más. Y viene, para el colmo, en una de las paradas, y le zampa al libro de visitantes: Deutschland über alles, nada menos que el comienzo de un célebre himno de la época de Hitler y tuvo que terminar pidiendo perdón. Repartió a rolete piedritas del fondo de la mina, haciéndose el sota y no diciendo que son rocas testigo del filón de oro que se llevó por delante la T-130 cuando horadaba sin parar para llegar lo antes posible hasta donde estaban Los 33. En el discurso del Patio de los Naranjos se acamaló en los lugares comunes porque la oratoria evidentemente no es su fuerte y para hacerse el mundano, el hombre común cuando figura 477º en la lista exclusiva de Forbes, viene y le sacude como testimonio de sus emociones que cada vez que iba al Campamento Esperanza y estaba con las mujeres de los mineros se le estrujaba el cuore. Ya venía embalado, trastabilló y dio de hocico en el piso: "Si mi mujer me quisiera la mitad sería el hombre más feliz", sacudió sin anestesia la potrillada que empalideció a la tropilla de cuicos que lo rodean. La muy paquetona y sobria Cecilia Morel estaba sentada un poco atrás y el micrófono registró claramente la réplica: "Métete 700 metros bajo tierra y ahí te vai a dar cuenta cómo te quiero." Lo tuvo que repetir por micrófono para toda la concurrencia y fueron para ella las risas y los aplausos. El furcio ya formaba parte del folclore junto al rescate.

Claro, tenía que reiterar los tics de político e insistir en que a partir del 5 de agosto, que fue cuando por fin se vino abajo la San José y dejó a Los 33 respirando tierra con 40º de temperatura y 90% de humedad durante 69 días porque Dios se acordó de ser alguna vez chileno, que va a cambiar drásticamente la condición de todos los trabajadores de su país. Exacto: hasta que se derrumbe otra mina, se venga abajo un andamio o una máquina le trague un brazo a otro obrero. Porque al ratito, como lo grafica para siempre el video que se linkeó más arriba o se detalla en otro lugar, en la payasada futbolera nada menos que en el Estadio Nacional que supo ser campo de concentración pinochetista los primeros días después del 11 de setiembre de 1973, con la triunfante copa en la mano le recordó al buenazo de Franklin Lobos, ex jugador profesional que supiera integrar la selección, que tal como estaba convenido, el seleccionado oficial, que jugó obviamente luciendo los colores nacionales, volvía a La Moneda y ellos, los trabajadores, "al fondo de la mina", como para que no hubiera dudas, "y los volvemos a rescatar", volvió a meter la pata hasta el cachete.

Hace poco todos los funcionarios tuvieron que presentar la declaración jurada de sus bienes. Sebastián Piñera no es ninguna excepción. Tal como venía, desde la tevé, el ex presidente Ricardo Lagos lo agarró de sobrepique y lo dejó tieso para otra fotografía: "No declaró todo el patrimonio que tiene. Se olvidó hasta de poner la cosa donde vive."

En una de esas está mal medicado. Los 33, juntos con los rescatistas, salieron de La Moneda y se fueron como criaturas a ponerse junto a la Fénix 2 que los había sacado literalmente del pozo. Algunos hasta lagrimearon porque desde la madrugada del 13 de octubre último que no la veían y por cierto que las circunstancias eran muy diferentes. La querían tocar, constatar que en ese supositorio de metal había ascendido desde el infierno. Realmente se sacaron lo que se denomina una foto de plaza, bien pajuerana, riéndose, en una de esas lo más valioso y sentido que se llevaron después de haber vuelto a la vida.

A esta hora todos ellos ya se desparramaron, todos los protagonistas han sido achatados por lo cotidiano y Chile tiene que volver no sólo a los restos de la demolición del terremoto y tsunami de febrero último sino a su dura realidad que por más que todo el neoliberalismo triunfante y la prensa mundial, la argentina incluída, los ponga como los benjamines del monetarismo, es el país sudamericano con mayor desigualdad social. No se puede negar los saltos que han dado en los últimos años, pero esto es sólo indicativo del estado en que estaban antes.

El balance final lo hizo el propio Piñera, a su estilo, pretendiendo inaugurar que la humanidad tiene desde ahora nueva forma de hacer las cosas, a la chilena, dice, que consiste en unirse todos en la adversidad y tirar parejo para salir adelante porque los japones y los alemanes, después de la segunda gran guerra no lo hicieron, y también algo que le es muy caro a su ideología: decir Chile y decir 11 de setiembre ha pasado para el recuerdo porque están Los 33. No tiene suerte. La senadora por Atacama, donde ocurrió la desgracia con suerte, es Isabel Allende, hija del Compañero Presidente, del que dijo que iba a pagar con su vida la lealtad de un pueblo y lo hizo.

En el magro y convencional mensaje oficial, el Berlusconi chileno, como lo chicanea la oposición, no reiteró la verdad inconstrastable que ya se palpa: Los 33 nunca van a volver a ser los mismos, incluso Chile ya no va a ser el mismo. Un pueblo curtido en la tragedia y la pobreza, con una envidiable y más que resaltante conciencia nacional, cultor de la belleza, tierra de poetas y vino, ha sacudido a la humanidad entera dos veces en poco menos de medio siglo. No es moco de pavo.

Ahora te toca a vos, Sebastián, cumplir con taponar los buracos que tiene la injusticia social de tu pueblo. La historia te está esperando. Por lo pronto, sin ser argentino y menos peronista, no pudiste cumplir con el protocolo y sacar a los mineros a los balcones engalanados de La Moneda. Los 5oo empleados de la Cadena de Farmacias Ahumada, la más grande en Chile, en huelga desde hace tiempo, con cacerolas y vuvuzelas, hacían mucha bulla, aprovechaban la volada para tener cámara y se habían hecho presentes porque ellos también son chilenos y trabajadores y tuvieron hasta que cortarle el audio al canal que forma parte de su patrimonio y tratar de disimular la irreverencia.



Para cerrar, aunque la mediatización, el reality show y algunas otras pavadas borró de la faz de la tierra, por ejemplo, hasta el nombre de Violeta Parra y su Gracias a la vida, le ponemos un broche de eternidad a lo que ya se empezó a diluir. La música, claro. Y qué mejor que Mercedes Sosa cantando música chilena.




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22.9.10

¿ISABEL O GABRIELA?

La exitosa escritora trasandina, el presidente Piñera y señora en la pasarela de lo que por momentos es un reality.

Antenoche, la experimentada conductora y locutora María Laura Santillán, de Canal 13, durante la edición de Telenoche, se mandó una de antología. Como ahora el cholulaje de todo pelo y el jetoneo en cámara indica que hay que ir en procesión hasta la mina San José, cerca de Copiapó, a pararse arriba de los 33 mineros que desde el 5 de agosto último están enterrados a 688 metros, y como todas las pautas indican que hay que ser referente de algo para ir a llevarles energías, buenas ondas, salir en la tele, etc., la autora de La Casa de los Espíritus, sobrina de Salvador y en la vereda de enfrente cuando el tío fue gobierno y defensora del tío cuando se volvió negocio defender a uno de los paladines latinoamericanos, acompañó lustrosamente al actual presidente chileno, el multimillonario Sebastián Piñera, hasta el lugar. A la distinguida señora, que reside normalmente en EE.UU., le acaban de dar el Premio Nacional de Literatura de su país para recocijo de los buenos sentimientos, falta de envidia y otras efusiones loables por parte de sus colegas trasandinos. El más cariñoso, en una bitácora, dijo que no era una escritora: apenas una escribidora (sic). Sin importarle un rábano, la vida por una foto, lo mismo fue y los muchachos de Teletrece encontraron que podía ser una nota de color y en la presentación, como quien no quiere la cosa, para adornar con conocimientos porque el periodismo, antes que nada debe ser pedagógico, la María Laura dijo que el presidente trasandino había ido hasta donde siguen enterrados sus compatriotas acompañado por Isabel Allende, Premio Nobel de Literatura. ¡Puf! Ahora la duda sigue si el blooper fue tal porque cerca de Copiapó, el Valle del Elqui, aparte de pisco, dio a la pedagoga Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, más conocida por el seudónimo literario de Gabriela Mistral, que sí fue Premio Nobel, mucho antes que Pablo Neruda. ¿Se habrá equivocado por eso?
A todo esto, con un lenguaje bastante impreciso por razones obvias, los voceros informales de la Operación Rescate sigue afirmando que hasta noviembre, con suerte, no va a haber novedades. Es decir, no menos de 45 días más. Pero noviembre tiene 30 días y lo único que ha repetido Sebastián Piñera es que piensa brindar con ellos las próximas navidades, por lo que el pragmatismo indicaría los primeros días de diciembre, dado que dos de las tres perforadoras tienen problemas y la más cercana está a más de 250 metros. Mientras tanto, en un aluvión informativo que tiene por protagonistas a los que están al aire libre, cualquiera sea su condición, han aparecido algunos signos de agotamiento entre los que siguen enterrados, a pesar de que la comunicación audiovisual y escrita con familiares y autoridades ha cambiado sustancialmente.
Pero los fuegos de artificios de los figuretis, de los que Borges decían que integraban la facción mayoritaria como es la de ¡Figuración o Muerte!, entremezclados, aparecen más datos de la situación verdaderamente terrorífica de las condiciones de trabajo imperantes como es el caso de un minero cerca de Antofagasta, que lleva dos años enterrado, obviamente ya muerto, sin que nadie haya movido un dedo y una treintena de compañeros se hayan salvado providencialmente del desastre y puedan vivir para contarlo, pero no tanto para divulgarlo. Ver informe.

6.9.10

30 DIAS CONVERTIDOS EN 30 SIGLOS

FASTUOSO ANIVERSARIO BAJO TIERRA

Ayer, poco antes de las 14:00, se cumplió exactamente un mes del derrumbe de la mina de oro y cobre San José, cerca de Copiapó, en el Norte Chico chileno, donde comienza el desierto de Atacama. Lo tan temido, tan anunciado tantas veces, por fin se producía. 33 hombres, de 19 a 64 años, quedaron allá abajo, las primeras cuatro horas en medio de una nube de polvo que casi los asfixia. Pasado el sofocón, mineros de toda la vida, buscaron la chimenea de ventilación para salir de ese pozo a casi 700 metros por debajo de la entrada al socavón y a 100 metros sobre el nivel del mar. La ortodoxia dice que es el escape lógico. Pero a poco de trepar, la escalera se terminaba quizá por un simple cálculo de costos y beneficios y por más que trataron de seguir como las arañas, a los pocos metros ya no había nada que hacer. Allá arriba, a 500 metros sobre sus cabezas, un pequeño orificio luminoso, color celeste, les marcaba donde estaba el cielo y la salvación.

Tuvieron que bajar. Es estremecedor solamente pensar aquella primera noche, con 36º de temperatura, agua hasta las rodillas y la frugalidad que se impusieron de dos horquilladas de tenedor con jurel -el pescado más barato, una caballa sosa, para los pobres-, y medio vaso de leche en polvo disuelta en esa agua no potable cada 48 horas como festín para sobrevivir lo máximo posible. Las diarreas fueron el primer flagelo. Y, por supuesto, aunque ahora menos, la total oscuridad paliada en algo por los focos de los vehículos que habían quedado con ellos.

La situación material, salvo permanecer en el lugar, ha cambiado drásticamente. Tienen poleras y bermudas de algodón, medias especiales contra los hongos, calzado, se afeitan, usan desodorante y dentífrico, camas inflables. Se entretienen con Play Station, proyectan videos que les mandan en chips, mantienen videoconferencias con sus seres queridos y autoridades, 74 palomas diarias suben y bajan con víveres, vituallas y mensajes. Ahora van a tener tevé en directo, ven los partidos del Cobresal en diferido y en una de esas en directo van a poder ver la presentación de La Roja dirigida por el Loco Bielsa en Ucrania.

Con Internet a la velocidad de la luz ayer guardamos deliberadamente silencio como conmemoración válida de entrecasa. La información empezó a decir desde la mañana temprano que fue una verdadería romería la marcha de Copiapó a la mina en todo tipo de vehículos, descontando los que no se mueven del Campamento Esperanza que levantaron familiares, funcionarios y rescatistas desde el mismo viernes 6 de agosto. Cerca de las 14:00 en el lugar y en todos los lugares poblados de la larga lonja de tierra entre la cordillera y el océano el aire se llenó primero con la canción nacional chilena y luego los bocinazos. Ellos se deben haber abrazado y llorado. ¿El famoso milagro del 22 de agosto, cuando se constató que estaban vivos, ya se ha devaluado a una desgracia con suerte?

En el video que abre esta entrada el minero sobreviviente apenas unas semanas antes de la catástrofe, sin dramatizar, habla muy claro del informe de situación no solamente en la San José. Para tratar de vivir un poco mejor los mineros deben decidiir afrontar cotidianamente lo peor. La información es confusa y se habla de un mínimo de 200 dólares a un máximo de 1600. Eso los convierte en asalariados privilegiados en un Chile con una media de 250 de ingreso promedio. Pero las miserias humanas necesariamente afloraron junto con la tremenda solidaridad y los grupos familiares comenzaron a quebrarse, sin contar el lugar común reidero del que se le destapó que en lo amoroso corría a dos puntas y las dos siguen firmes, esperando apropiarse de lo que ciegamente creen que les pertenece por derecho propio desde siempre y para siempre. Otros grupos familaires también se disputan y tironean los plus de las ayudas que han llovido. Estremecedor es el hecho de una adolescente, hija de un matrimonio anterior del minero que está allá abajo, ella con tres medio hermanos producto de la unión de su madre en la nueva pareja, y que se presentó ante la prensa y el campamento como la verdadera hija, no tanto para apropiarse indebidamente de alguna donación como de la eternidad de las imágenes y la ilusión de la consideración de tener un padre famoso, fuera del seguro NN de las estadísticas.

Cosas del encierro, a uno le ha aflorado la vena poética, el de la bitácora del principio sigue con los apuntes diarios y de España le llueven ofertas por la exclusividad de los originales, pero hasta se están terminando de mudar unos 3 kilómetros más abajo, 30 metros más hondo, para mejorar las condiciones del bendito refugio, y se han dividido en tres grupos con sus líderes naturales, manteniendo una actividad organizada de unas 12 horas diarias de trabajo organizado. El recuerdo de esta efeméride, que será borrada seguramente por la del día de la primera salida a la superficie, si es que antes no ocurre algún otro acontecimiento, se dio con el marco de una situación drásticamente mejor y aunque está dentro de lo probable que puedan surgir inconvenientes, las nuevas condiciones materiales les va a permitir hacerles frente mucho mejor pertrechados.

Corrección: pertrechados, simplemente. Porque hace un mes estaban en bolas y a los gritos, como Tarzán, inaugurando para la especie humana un acontecimiento inédito que ninguno de ellos hubiera elegido si les hubieran preguntado. "La mina tiene una falla geológica, del lado de adentro de la montaña", le explicó el ex minero Dartéz, con una pierna menos, al movilero de la tevé. "En uno de los bordes hay un precipicio interno inmenso: tirás una piedra y no cae nunca. Otro error es que al agua que se tira no la sacan toda de la mina, sino que se la arroja en el nivel 335, en una especie de laguna, y eso es fatal porque se filtra y empieza a romper el pegamento entre roca y roca”.

Los funcionarios han tenido que empezar a arbitrar para dividir los ingresos en disputa. La sobrevivencia antes del 5 de agosto último permitía tener bajo tierra no a los minerales, sino a cantidad de irregularidades en las relaciones humanas de muchos de ellos. Ahora han aflorado, lógicamente exacerbadas por la situación dramática que está lejos de haber desaparecido a pesar de los cambios para mejor que se han operado. La avalancha informativa, desordenada, no autocensurada pero sí aplacada por la ideología natural del stablishment que lleva todo periodista adentro, por ejemplo, ha dejado pasar de largo la cantidad de mujeres, casadas legalmente o no, concubinas, amancebadas, amantes part time, lo que sea, que son temporeras en la recolección frutihortícola de la zona, la otra riqueza junto con la minería. Con la llegada salvadora del pinochetismo, que le sacó a Chile el fantasma terrible del comunismo, se aquerenció en Chile, particularmente en la zona donde ahora ha sucedido esta desgracia como si antes hubiera sido una sucursal de Disneylandia, la United Fuit Co., un nombrecito que los mejor informados no sentían desde los '50, en las novelas de Miguel Angel Asturias, como sinónimo mismo de países bananeros, superexplatación, imperialismo, etc., etc. Con ella llegó la tecnología de punta, los abonos a la tierra y los pesticidas para que cada metro cuadrado de tierra rindiera al máximo. También, claro, llegó la contaminación ambiental. En los primeros años de los '90, sin tanta prensa como las bondades del neoliberalismo, la OMS en Chile registraba 30 mil nuevos seres con tres brazos, muñones, sin piernas, un solo ojo, etc. Humanoides, si se quiere buscar un califactivo no muy inclemente, porque mejor no hablar del sistema neurológico que los convertía en células con algo de vida.

El nuevo fenómeno social fue el de las temporeras golondrinas, en una zona central de Copiapó hasta Temuco, en una cantidad que oscilaba entre 30 mil y 40 mil mujeres jóvenes, medio difícil censarlas arriba de las cajas de los camiones y una chatarra de buses que las transportaban de un lugar a otro con un precario mono al hombro, las más pudientes con una rotosa valija de cartón. El resultado era algo conocido pero invertido en materia de género. El único franco de la semana consistía en pasarlo en el boliche del pueblo, mamarse, conseguir algo de sexo como se pudiera y darse también con lo que se pudiera, armas blancas y botellas preferentemente. En estos casos se impone la intervención de la autoridad y los carabineros, no caracterizados nunca por los buenos modales con los pobres, se encontraron con el atavismo de que no es lo mismo moler a palos a una mujer que a un hombre, sobre todo con algunas que habían aprendido a pegar y tener la potencia de Mike Tyson, cuando en el mejor de los casos, entre dos o tres las tiraban al piso y las reducían, al pretender arrastrarlas para su detención se encontraban que unas manos como garfios se le metían entre las piernas y en cualquier momento podían terminar como el zángano que goza del postrer honor de poseer a la abeja reina. Testigos presenciales, no sin humor, narraban batallas épicas, dignas de cualquier superproducción norteamericana rememorando la antigüedad que se había vuelto realidad cotidiana y contemporánea. De eso no se ocupó mucho nadie. Ni la prensa chilena ni la extranjera. ¿Ya pasó?

Las ganancias de la United Fruit Co. y sus sucedáneas chilenas, de la Anaconda y de la San Esteban, dueña de la San José, sufrieron un incremento cariocinético en sus ganancias. Chile pasó a la vanguardia en la exportación de minerales, sobre todo el cobre, salvo la etapa pálida del bajón en la cotización internacional, y sus frutas, consecuencia de un tierra ardiente y también rica químicamente, se distribuyeron por toneladas al norte del Ecuador dejando un balance más que favorable en materia de comercio exterior. También subieron al podio. No había como el monetarismo de los Chicago Boys.

Ayer hizo un mes del derrumbe en la veterana San José, que tiene un siglo de vida y ha conocido todos los sistemas de explotación. Del mineral y de los hombres, se quiere decir, pero siempre dando sus generosos frutos en materia de depósitos bancarios. "El tiempo pasa", como en la canción de Pablo Milanés, y no tanto nos vamos poniendo viejos, como constata el cantautor cubano, sino que la situación esencial del ser humano no parece cambiar de manera tan acelerada como la tecnología, por ejemplo, que permite ahora este tipo de comunicación. "Los tiempos y las distancias me arriaron lejos", cantó el entonces joven Atahualpa Yupanqui en la década del '30 a la moza del Porzuelo, "lo que ayer fue esperanza, hoy es recuerdo." Y cuando menos se lo quiera acordar, Los 33, como ellos quieren que los llamen, también pasarán a engrosar ese paisaje tan poblado de la memoria.

Ojalá sea pronto para evitarles en lo posible todo sufrimiento humano. Pero lo que hay que tratar de acordarse es que en las primeras jornadas, cuando todo era angustia, confusión, esperanza desesperada y demás, porque el drama minero es viejo y así lo dejaron asentado Jaime Dávalos y el Cuchi Leguizamón. La prueba está en el clic a la consolita de abajo con el Dúo Coplanacu.



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18.8.10

"SI VAS PARA CHILE..."


Chile es un país singularmente trágico. Marino, minero y vinero por excelencia está prácticamente asentado sobre una placa geológica en constante desplazamiento del océano hacia el continente desde todos los tiempos. En el llamado Círculo de Fuego del Pacífico tiene el triste honor de encabezar mundialmente las estadísticas con las dos más grandes catóstrofes sísmicas de la historia del hombre: mayo de 1960 y febrero 2010. Hace medio siglo, en el término de 36 horas el sur chileno fue sacudido por más de 300 terremotos en el tramo Temuco-Puerto Montt, tres de ellos los de mayor magnitud que se llevaban registrados. Un maremoto se encargó de poner el broche al malestar del planeta. En la zona carbonífera de Lota-Schwager, con socavones submarinos, los derrumbes no asfixian a los atrapados con polvo, piedra y roca, sino que los ahogan en agua salina. Estaban en huelga con la patronal multinacional como se empezó a llamar con el neoliberalismo a las corporaciones norteamericanas prosiguió mientras se rescataban los cadáveres, se los velaba y bajo la llovizna negruzca se los llevó a pulso envueltos los féretros en pabellones tricolores y rojos. Al frente del cortejo, con la manija del primer cajón, iba un hombre más bien bajo, el pelo más ensortijado por la humedad: el senador socialista Salvador Allende. Cumplidores de las formalidades a muerte, como siempre, también a la cabeza, pero sin portar ningún cuerpo, iban los directivos nacionales del yacimiento, entre ellos su máximo jerarca. En medio del silencio sepulcral del momento se alzó una sola voz, solitaria, segadora, para ponerle nombre y apellido a la historia. Fue uno de los mineros sobrevivientes el que le gritó al máximo burocratón:
-Es dura, pues, la vida, señor González.
¿Para qué más?
Una tradición oral, basada en un humor un poco tétrico, aseguraba hasta 1973, dada la regularidad institucional, que gobierno que asumía el poder era saludado por un movimiento telúrico. En setiembre de ese año el desastre no vino de abajo, sino de arriba, en forma de misiles arrojados por la precisión de los Mirage de fabricación francesa. El remezón tuvo la magnitud suficiente como para sacudir al mundo. El Chacal se mantuvo casi dos décadas sin que el popular presagio se cumpliera hasta que por allí, a mitad de los '80, las energías tectónicas se encargaron de hacer saber que estaban remolonas pero no dormidas.
La gestión de la doctora Michelle Bachelet no fue saludada sino despedida por una catástrofe atroz. La asunción del multimillonario Sebastián Piñera se produjo entre despojos y con la cuenta de platos rotos impaga. El en la siesta del jueves 5 de agosto por fin se derrumbó parte del socavón de la mina San José, cobre y oro, un poco al norte de Copiapó, en el llamado Norte Chico. 33 trabajadores no pudieron salir y al momento de estarse escribiendo esto no se tienen noticias y los mejores augurios dicen que si las sondas llegan van a llevar varios días más y el acceso definitivo hacia donde están puede tardar varios meses, si es que lo intentan. Ya hay un proyecto de convertirlo en santuario.
El capitalismo no necesita que se le derrumbe más ninguna careta. Hace tiempo que no le queda ninguna. En los últimos tiempos lo signa el cinismo y la obscenidad. Los tardíos informes sobre la seguridad reinante en San José escuetamente se resumen en que el emplazamiento no podía estar operando. Era un ruleta rusa. Pero con los seis proyectiles puestos. La impecable instantánea registrada por un cronista gráfico de la agencia noticiosa española EFE, que es la que ilustra esta entrada, da cuenta de la historia singularmente trágica de Chile y los chilenos. Son su banderita al viento, en los comienzos del desierto de Atacama, donde de día hierve el suelo y a la noche la camanchaca, una neblina verde que se aposenta sobre lo arenoso, hace tiritar de frío hasta las piedras, el hombre espera al Claudio de la T-Shirt crucificada. Así suceda el milagro que se espera y desea la naturaleza intrínsecamente inhumana, antihumana del capitalismo, no va a cambiar. La desolación de los recursos, el no escatimar en gastos y explotación tuvo su representación lúdica en el primer videojuego con el boom informático de los '80: el insaciable PacMan. Y esta puñalada artera, que muchos todavía querrán atribuirle a una mala alquimia de sucesos incontrolables, sucede en momentos en que está en auge, muy cerca de allí, de los dos lados de la cordillera, la megaminería, la vuela montañas enteras con toneladas de explosivos, demuele el paisaje y lava los restos con agua pura de las napas subterráneas, reserva para la sed de los que ya se comieron todo en esta parte del mundo, mezclada con cianuro, cosa que lo que quede sea contaminado. Ya hay muchas miradas sobre Santa Cruz y lo que allí la minería significa.
Los anteriores a la conquista española ya tenían sabido y advirtieron que con la Pachamama no se jode. Menos que menos se la manosea y ultraja. Y el chileno solitario, esperando en el desierto con una bandera y una remera, ni es símbolo ni es emblema: es apenas un signo de lo que el apetito productivo ignora. De la consolita puesta inmediatamente abajo, que el siseo del viento no va a dejar escuchar con claridad, apenas un poquitito de música para acompañarnos en tanta soledad porque lo sucedido en Chile es chileno solamente para lo noticioso contingente en unos tiempos, empezando por el soporte donde estamos ahora asentado, fagocita datos e info en una carrera desesperada por la inminencia del final.
El Cuchi Leguizamón decía que "la canción es la única eternidad que tienen los pueblos". También lo único que por lo menos no se van a poder robar, aunque ya vengan haciendo a dos manos con los derechos.