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30.6.06

A 40 AÑOS DE LA PAYASADA PATRIOTERA

Tumulto en la mitad de la cancha. Lo califcaron de afano de los piratas.

SALVO UNO, NADIE VIO NADA


Hace cuatro décadas, el 23 de junio de 1966, la selección argentina bajo la batuta de un Valentín Suárez, (a) El Zorro o El Hombre Esperado, ex secretario privado de Eva Perón y funcionario del Ministerio de Trabajo, presidente de Banfield y piscólogo laboral sin título habilitante, que se aprestaba a asaltar la AFA tras el golpe de Estado que derrocara a Arturo Illia y era el poder detrás del trono de las DT que adornaban el buzo de Juan Carlos Lorenzo, (a) El Toto, en Wembley se enfrentaron también por octavos de final los dueños de casa y los celestiblancos que por cábala habían empado con la Alemania Federal para no tener que jugar con los uruguayos que tienen siempre la mala costumbre de arruinarnos la fiesta, tanto a nosotros como a los brasileños. La orden era empiojar todo, sobre todo al capitán Antonio Ubaldo Rattin, (a) El Rata, actual diputado nacional por el partido del carapintada Aldo Rico, y el recurso de pedir el intérprete por cualquier cosa entró a esgunfiar al árbitro alemán Rudolf Kreitlein. En aquel entonces los partidos se filmaban en 16mm., blanco y negro, una sola cámara, y se los veía en diferido por tevé 48 horas después. Hubo un evidente foul en un ataque inglés en el área argentina, el alemán no lo cobró, siguió el juego, la pelota fue rechazada y el objetivo de la cámara se fue tras ella. Rattín se fue tras el Kreitlein, que corría para el centro de la cancha, jodiéndolo, señalándose su brazalete de capitán hasta que el pelado, sin dejar de correr, le hizo con la mano que se las tomara, basta, y entonces el ex botero de San Fernando, último gran caudillo del fútbol y boquense de alma y por quintaesencia, se le puso a la par y con la mano derecha frotó el pulgar sobre el índice en un lenguaje que se entiende en todos los idiomas. No había tarjetas rojas. Pero lo mismo lo rajó. Maestros de las confusiones, se armó el borbollón, nadie quería entender nada, El Rata no se quería y terminó sentándose en la alfombra roja de la Reina que por supuesto no estaba porque si no lo sacaban a patadas en el culo, arancó un banderín, todos los ingleses enardecidos en las tribunas gritaban Animals! y cuando terminó el encuentro, clara y tranquilamente favorable a los locales por 1 a 0, a la salida también hubo borbollón, El Loco Gatti y El Pato Pastoriza que habían estado en el banco de suplentes le calzaron varios mamporros al soplapitos bachicha y todos volvieron a Argentina como héroes y a los héroes los recibe el presidente de la república en la Casa Rosada, algo que con gran patriotismo hizo el general Juan Carlos Onganía, que acababa de inaugurar la cursillista y corporativista Revolución Argentina, desalojar a los garrotazos a judíos y comunistas de la Universidad de Buenos Aires, liquidando 40 años de ciencia y tecnología, implantaba las fronteras ideológicas, se iba a comer dos cordobazos y le iba a quedar colgado para siempre el mochuelo del secuestro y muerte de su camarada de armas, Pedro Eugenio Aramburu. De canciller, por casualidad, tenía a Nicanor Costa Méndez, de la Deltec, el mismo de abril de 1982, en circunstancias de otro golpe, y con esa natural propensión al engorre, entre el nuevo ensayo fachistón, el nacionalismo, la guerrilla que algunas partes tenía pintado de rojo que ya se venía y demás, Dardo Cabo, hijo de un dirigente metalúrgico que años después va a ser capturado y asesinado como montonero, y Cristina Vernier, más el sostén de Héctor Ricardo García desde Crónica, se mandaron una reivindicación simbólica aterrizando en avioneta en las Malvinas. La tarzada terminó como le terminaban al autor original de las tarzanadas cuando se le cortaba la liana. El malón de periodistas especializados enviados a Londres superaban los 150, pero ninguno vio nada. El único que lo hizo, que dijo que Alfredo Destéfano le adelantó que había chimentos que se venía algo turbio, que su compañero de cabina no entendía a qué jugaban los argentinos, si era a hacerse echar, y lo que pasó realmente con el pelado alemán, fue Dante Panzeri. Al pedo. Una golondrina no hace verano. Hasta los progres siguen glorificando la patriotada barata. Como el caso de Roberto Perfumo, (a) El Mariscal, que era el N° 2 de ese equipo y que como para él hay que decir según el periodista que tiene adelante, dijo cualquier verdura y participó también en cada jornada recordatoria del episodio histórico que tuvo al Rata como héroe y como mártir, también supo de los halagos del poder, un poco cortidos, es cierto, como fugaz secretario de Deportes de la Nación del transversalista Néstor Kirchner. Este 40° aniversario nos pescó con la resaca del pedo del 6 a 0 a los pobres serbios, así que nos tenemos que aprestar para que en el 2016 se festeje el medio siglo como corresponde: tan al pedo, atrayente y patriotera como fue la payasada original.

Preferiblemente en el Obelisco, che, eh.