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26.6.06

¿TE ACORDAS, HERMANO?


QUE VEINTE AÑOS NO ES NADA

En junio de 1986, con el sello editorial de Nueva América, aparecía Muerte en la Cancha 1958-1985, de Amílcar Romero. El tema de fondo era por primera vez tratado y a eso se agregaba que en el período señalado se daba la singularidad de contarse con un centenar de hechos fatales. El final rematado con un Continuará despertó algunos escozores amistosos con los editores por cierta actitud timorata, el temor a herir la susceptibilidad de los cagones de la kulturita argentina, como les decía Cortázar, y la diferencia se zanjó con un terminante que si estaba de acuerdo en que la cosa iba a seguir, había que jugarse, ni la literatura testimonial y la industria del libro estaban en juego. Quedó, entonces, el Continuará y el libro digamos, por un decir, que estaba en la calle y ya había un muerto más.

A esto no tardó de agregarse muchísimas más singularidades. Primero que el pretendido centenar era, en realidad, 102, para nada un hecho meramente cuantitativo, máxime cuando hay vidas humanas de por medio, y segundo que hasta que no aparezca un dato mejor, se trata de uno de los libros de cualquier género que más se ha citado, menos se ha leído (sobre todo entre los que lo empezaron a poner como lugar común de la bibliografía del final, para no desentonar y curtirla de leídos) y mucho menos vendido. Eso sí, alguna cucarda ha merecido: en más de una tecnicatura, tanto en universidades estatales como de la enseñanza privada, lo han puesto de lectura obligatoria en no muchas y de alternativa en varias más. Algo es algo; siempre más que nada. Ahora bien; en un balance somero a tantos años vista, entre tantas catástrofes comerciales y la cuesta abajo en la rodada de lo que sea cultura o por lo menos aspire a serlo, se lo debe tomar en cuenta con méritos propios como para tener su lugarcito, si no en el podio, por lo menos en la foto.

La mayor parte de la edición, hecha todavía con linotipos y plomo caliente, durmió durante por lo menos una década el sueño de los justos en un depósito de un viejo edificio de la calle Talcahuano, entre Corrientes y Lavalle, junto a otros congéneres del mismo sello u otro nombre de fantasía, como una lujosa edición de tapas duras y sobrecubiertas acerca de la gloriosa trayectoria de Los Pumas y El asesinato del wing izquierdo, una exhumación del género folletinesco que había realizado Jorge Fernández Díaz por ese tiempo, anticipándose imaginativamente a la constitución de una agrupación de padres de hijos muertos en las canchas que se movían en una Traffic, con una estructura, motivaciones y objetivos muy similares a los de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Los hallazgos, apartes de los literarios, que no eran pocos, acuñaba por primera vez la expresión Secuestros SA, que a partir de ahí tuvieron a bien afanársela sin escrúpulos, comillas ni cita como corresponde hasta el día de la fecha.

Hubo un tiempo bastante largo en que como abrazos a un rencor con el excelente trabajo de Fernández Díaz, envasados contra cualquier contaminación por una común envoltura en esa película de polietileno con que ahora se envuelve todo, aparecieron los dos, colita contra colita, a $ 0,50 cash, no se admitían tarjetas de crédito, en una librería frente a los Tribunales de San Isidro, propiedad del gerente del sello editor. Ni así pudieron agotarlo. En los primeros tiempos de la salida fue tal el aparato de distribución puesto como infraestructura que la mayoría de deudos, parientes y amigos de las víctimas tuvieron que ir directamente hasta la sede central de Talcahuano al 400 a comprarlo, cuando ahi no se vende al menudeo y la molestia de la empleada de tener que ir hasta el depósito, al fondo de un edificio que se está cayendo a pedazos y llenarse todas las manos de polvo.

Más de un humorista conocido o amigo de los que nunca faltan, enterados de esta retahíla inédita en la campaña de promoción, entró a hacer correr la bola que en realidad Nueva América era una cortina de humo de El Abuelo, por entonces vivo, y Julio Humberto Grondona para lavar dinero proveniente de la venta ilegal de pororó en las canchas. Mejor ni tocar el punto contrato de edición y rendición periódica de cuentas.

En la actualidad, en una tómbola asquerosa que renueva cada muerte y con La Nación a la cabeza regateando los asesinatos policiales oficiales, la contumacia y obediencia debida de El Gráfico hasta que la Industria del Espectáculo lo barrió hasta convertirlo en una versión mensual de la Radiolandia del fútbol, más los patrióticos esfuerzos de la cantidad de alcagüetes que tiene la AFA, el total supera los 240, y aunque los babiecas trillan lugares comunes como que a los finaditos la vida no se la devuelve nadie y la sangre es lo más democrático que tenemos a mano, el fenómeno ha cambiado cualitativamente y si vivir implica ya antropológicamente una muy compleja cultura, matar y morir no lo es menos.

Como cada Mundial tiene a bien producir en el neoliberalismo, éste también tuvo lo suyo en materia de libros de ocasión, pero todo bien light, no se trata de andar nombrando al Diablo en la casa de Dios. Es hasta una cuestión de buen gusto. Pero incontrolable como todo fenómeno humano colectivo están en marcha simultánea dos documentales sobre la Puerta 12, gente de una de las principales universidades privadas está a punto de largarse con otro sobre las barras bravas en general y en Europa ya hay más que borradores hechos para una coproducción que se salga de una vez de los espectacular del fenómeno y por lo menos arriesgue alguna hipótesis en este jabón de la bañadera que se sigue resbalando y que llega al colmo de ir con escolta policial propia a Alemania, hacer bien los deberes con la FIFA, ya ha generado tres leyes especiales, dos se han quedado esperando y tienen una subsecretaria de Estado nacional a cargo del asunto, todo en medio no se sabe si de una tara colectiva o de una perversión realmente revulsiva, porque la nomenclatura oficial sigue siendo la de marginales, una minoría de delincuentes enquistada en el fútbol, malandrines comunes disfrazados de hinchas, etc., mientras el principal referente se casa y veranea en Pinamar, es un ñoqui del gobierno municipal, se casa con una asesora del gobierno provincial de Buenos Aires y cuando se la ve peludas en Tribunales llama al Jefe de Gabinete con el celular por la línea directa.

En cuanto a la posibilidad de una reedición actualizada, si es fiel a la más estricta verdad, conversaciones en forma de ofertas volátiles no faltaron, la rotunda confirmación de lo que también fue el marketing primero ha alejado cualquier posibilidad de seguir adelante. Sin embargo, si bien biológicamente llega el tiempo en que se deja de ser joven, por el mismo motivo hay otros que lo son y no falta el que se encuentra persistiendo en hacer una remake, hablando con editoriales que como la canción de Pablo Milanés a todo dicen que sí, jamás dicen que no, para luego poner a macerar en algún cajón los originales y siempre encontrar que hay un leve sesgo en el enfoque en una tema tan interesante y tan actual, porque si los rompepelotas que son DT ad hoc sobran, los que encuentran que siempre tienen la justa sobre el libro de violencia del fútbol de otro abundan como los virus informáticos.

Han pasado veinte años. Por una convención absolutamente arbitraria es el tiempo que se estipula para el desarrollo y entrada en acción de una nueva generación. Y el fenómeno de Los Muchachos, o Batatas, como se los llegó a denominar en pleno apogeo de la Segunda Década Infame, no ha dejado de desarrollarse como para que ya no quepan dudas que forman parte del paisaje, igual que Caminito o el Obelisco, y que la trillada minoría infiltrada en realidad es la vanguardia de una clase dirigente para hacer los trabajos sucios que para nada curiosamente permite la infiltración de elementos extraños, minoritarios, menos que menos decentes, trabajadores, ciudadanos comunes, en una sociedad ya descaradamente anómica y lumpenizada. A punto tal que a nadie se le ocurrió mencionar lo que está a la vista, como son los hilos conductores que van de la construcción del Monumental, en 1930, a la primera masacre en junio de 1944, y pasando por la Puerta 12 de casi un cuarto de siglo después, ya con 80 muertos a cuestas, encontrar que República Cromañón con sus 194 no podía si no ser la consecuencia lógica y todo con la misma materia prima. [AR]