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4.7.05

POLICIA vs. FUTBOL

TIREN, TIREN... ¡PERO PAPELITOS, CHE!

El pasado domingo 5 de junio, a las 02:30, frente a la estación Pablo Nogués, mientras Jorge García Barrera, de 21 años, jugador de la primera de San Miguel, esperaba un remís junto a su novia, se detuvo un auto particular, tripulado por dos hombres, y a partir de aquí las versiones difieren. Concuerdan, eso sí, que el que iba en el asiento del acompañante sacó la Browing reglamentaria de oficial de la bonaerense, y desde muy corta distancia uno de los proyectiles le dio en pleno tórax y el joven falleció poco después, cuando en un hospital cercano aprestaban todo para una operación de urgencia.

La novia y unos pocos testigos aportaron datos del vehículo y a las 48 horas se detuvo a dos efectivos de la mencionada fuerza y se secuestró el vehículo, que si no es el utilizado, resulta tan parecido que parece idéntico. También se detuvo a su conductor, el agente Pablo Rodathonski, y al oficial Cristian Javier Soria, quien iba en el asiento del conductor y sería el autor de los disparos que terminaron la vida del joven futbolista. Ambos estaban afectados a la custodia de un testigo contra el intendente de Malvinas Argentinas, bisoño distrito bonaerense que tiene prensa por cualquier cosa menos por el desarrollo industrial, la erradicación de epidemia, la alimentación de los chicos, y sí por la facilidad con que fondos públicos y privados pasan de manos de sus dueños legítimos a otros que no lo son tanto.

Ninguno de los mencionados, ni previo di durante ni después, bajó del auto. Efectuados los disparos, se dieron a la fuga. Ni asomos de intento de robo. Al efectuarse el reconocimiento, más allá de toda consideración, el endeble estado emocional en que quedó la sobreviviente, se los pasaron y dijo que no era ninguno de los mostrados. Al rato, ni bien pudo tener un aparte con Raúl Sorraco, fiscal de turno, entre sollozos aseguró haber reconocido a Soria pero que tiene mucho miedo y no quiso decirlo.

No figura en los libracos leguleyos, pero desde la Roma imperial para aquí, madre de todo el Derecho vigente, el miedo no es sonso. La versión que aportó ella de los hechos es que cuando estaban allí parados, casi nadie por la hora y el lugar, el auto con los bonaerenses se detuvo y el que sería el matador, la piropeó, propiciando una reacción en su pareja que fue aplacada con un balazo del arma de guerra reglamentaria con que lo provee el Estado y le paga las municiones para proteger a la población.

Por razones obvias, se desconoce la versión de los acusados, quienes seguramente guardarán silencio porque el peso de la prueba corre por parte de los acusadores y desde el punto de vista formal, el reconocimiento de la chica no es válido, por lo el par de demorados por unos diez días, que es el plazo legal del juez para expedirse sobre su situación procesal, es la de más inocentes que querubines.

El lenguaje popular dice de manera contundente que esta cuenta no cierra por ningún lado. Lo de la piropeada es posible, pero no resulta demasiado probable. Y otro eslabón más, ya sea dirigentes, jugadores, barras o allegados y policías, que conforman una masa turbia y bastante fragante. Como todo parece indicar, ¿se viene otra impunidad más? [AR]