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4.7.05

TODAVIA QUEDAN COWBOYS SOBRE LA PAMPA






Unas entradas antes, nos permitimos intentar recurrir a la solidaridad o conciencia nacional, no importa cómo quieran llamarla. Una maestra rural, en medio del puneño Valle del Sol y las Comechingones, para un acto patrio necesitaba nuestro himno cantado en quichua o aymara y tenía los dedos mochos de mandar mails a reparticiones públicas, radios nacionales o no tanto. Ni goma. Nuestro pedido tuvo tanta receptividad como integrarse a una peregrinación a nado hasta Ciudad del Cabo. Y ahora hemos recibido este otro, con los resultados finales.

Como diría Moria, si querés shorar, shorá.

Gracias a todos, che. No se hubieran molestado.

Transcripción de la parte principal del mail recibido:

[...] Les comento que más dramático es no conseguir el himno nacional cantado en lengua aborígen, cuando estamos en ésto de la IDENTIDAD. Sólo les cuento que ya no hay rincón que las yemas de mis dedos no hayan barrido. En fin, conseguí un parlante quechua y una amiga profesora que lo ayudará a cantarlo. A falta de pan... El tema es que la timidez del hombre hace coraza y lleva a la inseguridad. Hasta la próxima. EAB

[N. de la R.] Vos no aflojés, Elsita. La próxima vamos nosotros, con el Coro de los Niños Cantores de Murialdo, y te cantamos el himno en arameo. A las autoridades les vamos a dejar una sentida versión de aquella viejísima canción que comienza con «Olas que al pasar, se hacen m... contra el murallón», etc. Bravo, che. Lo bueno de este país es uno nunca está solo. El problema es que las compañías son un lastre.