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22.5.05

DE LOS AMIs SERA EL REINO DE LOS CIELOS


El del AMI (Argentino Medio Informatizado) es un mundo de imaginerías. Sin embargo, más que para ningún otro en el mundo, el dilema que se le plantea es de fierro: «Una utopía electrónica o una pesadilla totalitaria, según el punto de vista que uno adopte» (Dirk Hanson). Acá no hay Tercera Posición ni IVa Internacional que valga. No hace mucho un veterano que ha recorrido todas las redacciones (y las que vendrán) me llevó a un aparte como para pronunciar sus últimas palabras o sacar por fin afuera lo que había callado durante toda una vida:
-Decíme la verdad, pibe, vos que sabés de estas cosas: los que venden computadoras, ¿no saben un jorcara de nada o es impresión mía?
Viene siendo una de las m s duras batallas (en sordina) que se está librando en este momento. Una Gallup así, a ojo de buen cubero, arrojaría un 95% por el Y, sí, ¿vistes? y el resto No sabe/No contesta/Rajá/Hace cuernitos.
Pero sin dejarme tiempo a tratar de consolarlo con alguna de las fórmulas tan eficaces que son de dominio público, extrajo de entre sus ropas lo que generalmente es motivo de crónicas policiales (malas) y acá era sólo motivo de todas sus preocupaciones.
Las manipulaciones fueron con el mismo gesto conspirativo que si tratara de un paquete recién llegadito de Cali, 96% de nívea pureza:
-Acabo de cumplir sesenta años y mi mujer me regaló esto-. Se trataba de una agenda electrónica de bolsillo, digamos, es un decir, porque por el tamaño era con dependencias de servicio y cochera. -Resulta que este fin de semana me pongo a mirar el manual, que es más
o menos como un tomo de la Espasa Calpe, y me encuentro que si acá , donde dice Name...
-Campo alfanumérico -lo interrumpí para demostrarle que estaba frente a la persona indicada, y además porque siempre este tipo de jeringoza causa gran impacto porque deja toda la sensación de que quien la maneja como si chasqueara los dedos y tiene la posesión del summun de los conocimientos.
-Como vos quieras -concedió porque venía regalado, el hombre-. El caso es que si yo acaso, por dar un ejemplo, en cambio pusiera el nombre del autor o el nombre de la publicación, y en el que sigue, que dice Adress...
-Otro alfanumérico. Dirección de la casa: calle, número, hasta el colectivo si tiene lugar.
-... de acuerdo, está bien, yo pongo el título del libro, de la nota o lo que sea, en el siguiente, Number...
-Campo numérico. Ahí va el tubo.
-... sí, en inglés, es número, hasta ahí llego, pero ocurre que en vez del teléfono puedo meter la fecha en que apareció lo que me interesa. Pero fijate qué interesante: abajo tengo un espacio más grande, al que llaman Notes, se ve que para agregar boludeces...
-Otro alfanumérico.
-... y yo ahí podría poner una serie de datos ampliatorios sobre lo otro. ¿Estoy en lo correcto? ¿Qué te parece?
-Que no sé a dónde querés ir.
Le volvió una palidez cetrina al rostro.
-¿Cómo que no sé dónde quiero ir? Esto es justo lo que desde hace tres años ando buscando y nadie me supo explicar. Me cansé de entrar a cuanto boliche de computación encontré en Buenos Aires. Trataba que me entendieran lo que quería hacer y me miraban como si hablara algún dialecto coreano. La respuesta siempre fue las características de los equipos que tenían, y ahí era yo el que no entendía el laosiano de ellos. ¿Ahora cómo vengo ahora a encontrarlo así de simple, adentro de una agenda portátil de teléfonos, encima hecha por estos que tienen todos los ojos como puñalada en tarro, me querés decir?
-El Japón es un gran país. Solamente un gran país puede inventar el transistor y estar tras la miniaturización de todo. Debe ser para que puedan caber ellos...
-No me cargues porque estoy angustiado en serio-. Se enrojeció. -¿Cómo es posible que durante todo este tiempo nadie haya podido entender lo que yo necesitaba ni yo entendido un pito lo que me contestaban?
-Fuiste a decirles algo que ellos no van a poder entender nunca y te contestaban con una serie de datos y conocimientos que no sólo vos tampoco vas a entender jamás, sino que aparte son más inútiles que el agua de los fideos.
-Está bien. Ahora lo que yo quiero saber (y tampoco he encontrado respuesta) es si puedo tener esto, exactamente esto mismo que te estoy mostrando, pero en algo más grande. ¿Me seguís? Porque con la cantidad de material que tengo guardado, si intento meter todo acá adentro, con este tecladito que es apenas más grande que el de una minicalculadora, me van a quedar los dedos como morcillas y la vista, del Santa Lucía voy a salir directamente con el bastón blanco y el ovejero alemán que me lleva de tiro con el arnés. Quería que me ayudaras y ver si a esto, qué sé yo, no se le puede poner un teclado tipo los de la máquina de escribir, acondicionarlo un poco. ¿Alcanzás a hacerte una idea de lo que necesito?
-Sí, desde el principio: necesitás una base de datos.
El gesto se le iluminó con un rictus casi feroz o que a mí me pareció de ese calibre.
-¿Cómo puedo hacer para tener algo así? -babeó.
-En cualquiera de esos boliches te comprás un buen equipo. No tenés cómo equivocarte: son los más caros. Pero nada que te agreguen firulos de cualquier tipo y la parafernalia a medida para cholulos. Lo estrictamente necesario, nada más. Te traés el bártulo grande donde viene toda la brujería electrónica, la pantalla y el teclado. Punto. Si andás lujurioso, a lo sumo una impresora. Y acá , la más barata: no vas a participar en la Bienal de Industria Gráfica, así que te sirve cualquiera. Después te conseguimos algún programa de los más conocidos, que son todos parecidos y buenos. Es más: la UNESCO da en forma gratuita, y encima te asesora, el MicroIsis, que está considerada una de las mejores bases de datos del mundo, sobre todo para recuperar la información, aunque casi nadie les dé bola.
Me tomé un respiro. Estaba moralmente fatigado.
-Es todo -terminé.
Lejos de esperar un abrazo compensatorio por la asesoría gratuita, además de por lo menos el ademán ritual de amenazar con invitar a un café, ya bastante antes del fin la desolación lo ganó de tal manera que se fue sin despedirse y arrastrando los pies. Parecía ser de semejante envergadura la conciencia lacerante del tiempo perdido que hasta donde lo vi ni siquiera atinó a guardar la dichosa agenda electrónica de bolsillo.
Nada nuevo, en realidad, si lo mira bien. La situación del aspirante a usuario es a la intemperie. Y la conciencia de esto se toma recién cuando se accede al paso siguiente, que es el estadio conocido como el del AMI (Argentino Medio Informatizado) en estado casi químicamente puro. Pero aquí ya es demasiado tarde: porque igual que lo que viene en los paquetitos Made in Cali, también es un viaje de ida.
Con un agregado: el último servicio ya partió. [AR]