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26.6.05

LA FATALIDAD, ¿PARA QUE CUADRO JUEGA?




APUNAMIENTO SOCIAL, FUTBOL & MUERTE


A la noche del sábado 25 de junio del 2005, luego de casi dos semanas de penosa agonía, falleció el adolescente Emiliano Molina, de 17 años, emancipado económicamente, que hasta el piñazo con su auto último modelo era arquero de la reserva del club Independiente, ya había debutado en primera y era el titular de la selección nacional Sub 17.

En medio del temporal último, cuando volvía con su novia y amigos del centro, en el Puente Pueyrredón se incrustó debajo de un semirremolque que llevaba su misma dirección. Trataron mediáticamente de inventar algo, pero el conductor tardó en salir de la comisaría lo que demoró su declaración. Los otros cuatro menores sufrieron heridas de cierta consideración, pero el joven ahora fallecido, de inmediato, se le daba por perdido un ojo, serias secuelas neurológicas si sobrevivía y fue sometido a una delicada operación para quitarle los pedazos de calota craneana que se le habían incrustado en la masa encefálica.

Del bollo en que quedó convertido el Volkswagen Gold que conducía, era fácilmente perceptible que en la última maniobra que intentó realizar lo hizo de tal modo que la trompa de su lado, la del conductor, fue la que recibió el mayor impacto.

El chico provenía de un hogar común de la zona, gente trabajadora, de costumbres normales hasta que la excepcionalidad del fútbol se hizo presente, le contrataron un manager (¿?) y el dinero a raudales, no tanto como las grandes figuras, pero en cantidades impensadas para ese sector social y esa criatura, hicieron de lo suyo. Mientras el autoexterminio argentino sigue manteniéndose al frente de todo el universo en materia de víctimas fatales a piñazo limpio, afectando sobre todo a la franja etaria a la que todavía pertenecía Emiliano, llevando producidas hasta aquí, en materia cuantitativa cinco veces la cantidad de muertos que dejó el Proceso y un costo social que supera con tranquilidad la deuda externa, restaría tratar de averiguar en el país donde nunca se averigua todo y se le echa tierra a todo alrededor, antes que a los finaditos, qué papel juega la violencia del fútbol en todo esto. En otras palabras, a qué, quién y quiénes atribuirles las causales y responsabilidades por la muerte de este menor.

Los alarmados por que ven menearse fantasmas alrededor de la quintita gracias a la cual perduran hablarán de la niebla, cuántos chicos manejan el auto de sus padres y la pasa lo mismo, basta con vaticinios agoreros. Pero el que acaba de morir es un menor de edad, jugador profesional de fútbol, a una edad en que no pueden ser profesionales ni disponer a destajo de sumas en medio de un país, para colmo, que se está cayendo a pedazos.

El impacto psicológico que debe haber sufrido Emiliano ya pasó y él no existe más. Ahora bien: quedan miles de Emilianos pateando y atajando, unos muy poquitos llegarán y se comprarán un 0 Km igual o mucho mejor y más ligero, puede que alguno la dichosa fatalidad argentina lo lleve a estrellarse contra algo e irse de este mundo bastante antes de lo que se considera normal, pero también ocurre que la mayoría de esas criaturas no llegan, se frustran y mueren en mayor cantidad por balas policiales o perforados los pulmones por el pegamento o arrumbados en boliches de mala muerte de cualquier arrabal de cualquiera de las ciudades del país.

Es muy pedantesco y al cuete preguntarse a qué carajo le llamamos fatalidad cuando en el resto del mundo hablan de causalidad y por todos los medios que cada sociedad tiene procura proteger lo máximo posible a sus seres más débiles y expuestos, esto es, los menores y los viejos, exactamente lo contrario de lo que hacemos nosotros. Al chico lo estaba velando con toda la pompa solemne e inútil, en la sede de los Diablos Rojos, después de haber suspendido más solemnemente en su homenaje el partido con Arsenal, ambos clubes feudo de Grondona Hnos., cuando en Liniers los del Fortín salieron campeones y en los vestuarios, a medio vestir, frente a cámaras clamaron que les pagaran ya el premio prometido, que incluso está firmado y que consiste en un BMW 0 Km. Entre los del plantel hay varios menores de edad. Más que seguro ninguno de ellos se masacrará como le pasó a Emiliano Molina; más todavía, ni siquiera le harán un raspón al famoso auto alemán, pero están tentando y caminan por la cuerda floja de las leyes de la probabilidad.

A la mañana, en el mismo noticiero, en el de mayor audiencia, se anunció un robo en La Plata. Una anciana de 85 años que vivía sola fue asaltada por un individuo que dijo estar armado pero que no mostró ni un escarbientes. Bastó con su sola imponente presencia física ante lo endeble de la víctima. Le llevó toda la jubilación recién cobrada, que no alcanzaba a 200 pesos, y de la heladera... ¡el pollo entero que tenía para alimentarse!

Casi al pasar, sin mayor derroche, también se consignó el deceso de Fernando Blanco, otro joven de 17 años, de la famosa barrita de Defensores de Belgrano, luego del partido que jugaran el sábado a mediodía, para la tevé, con Chacarita Juniors en cancha de Huracán, Parque de los Patricios, sí o sí por el descenso y se quedaron los funebreros. Las autoridades, con Javier Castrilli, (a) El Sheriff, a la cabeza, se empecinan en explicar que las heridas mortales fue al arrojarse del patrullero en movimiento donde lo llevaban detenido. La gente, otra vez, en la discrepancia total: la muerte fue consecuencia de la apaleadura recibida por parte de los uniformados en medio de la mocha que se armó al terminar el encuentro. Pero las muertes del fútbol ya forman parte de lo rutinario, igual que el agua contaminada, los baches o las inundaciones.
A la noche, en el mismo noticiero, dada la continuidad en la semana del enfrentamiento futbolero argentino/brasileño por el mundial juvenil, la Copa Confederaciones y las semifinales de la Copa América, el locutor oficial, el pétreo Santo Biasatti proclamó que por ese motivo en las próximas 72 horas los brasileños eran los Enemigos Públicos N° 1 de Argentina.

Esto es lo que técnicamente se llama estar desmadrados. Un chorrito le tiene que robar a una jubilada un pollo para comer, hay que enterrar a un chico de 17 años porque le dieron una máquina que puede andar a más de 150 kms por hora, los flamantes campeones reclaman un premio especial como un auto de varias decenas de miles de dólares y nuestro principal socion en el Mercosur es el Enemigo Público N°1. [AR]