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14.6.05

INOCENTE COMO UN QUERUBIN

LOS CHOLULOS SUSPIRARON DE ALIVIO


Por fin, después de una larguísima y angustiada espera de una semana, la docena de miembros del jurado que debían decidir si Michael Jackson debía quedarse en chirona por lo menos entre una década y dos, acordaron que era más inocente que un querubín. El personaje se había mandado desplantes varios, como presentarse en piyama y chinelas, hacer correr a último momento todo tipo de versiones sobre su suicidio, internación por estrés, fuga a Francia para evitar la condena y demás, pero apareció con su figura fantasmagórica en una limousine que ni los grandes jerarcas internacionales usan, con anteojos negros y todo su aspecto patético de negro decolorado y reacondicionado de acuerdo al resultado de cantidad de cirujías.

Los cargos volvieron a apuntar, centralmente, contra ciertas desviaciones en su conducto sexual con objetivo en menores. El artista, cantante y bailarín, que marcó una etapa primero por sus dotes y luego cuando comenzó con una transformación en busca del ansiado blanco, asoma como un fenómeno no estudiado, lo mismo que su idolatría.