23.6.05

Y TODO POR UN PEDACITO DE ARENA

A la edad de 81 años, en su país natal, murió Jack Kilby, uno de los padres del microchip. Había nacido en el Medio Oeste y su carrera como estudiante no lo pintó como lo que sería como investigador. A tal punto que al terminar el bachillerato en Great Bend, Kansas, el puntaje que sacó en el examen de ingresos fue tan magro que le cerró las puertas del ingreso nada menos que al MIT, la Catedral Norteamericana de la Tecnología.
 
Trabajó con los laboratorios Bell y en 1958, tras el susto del Sputnik soviético en la carrera espacial entre las que entonces eran las dos superpotencias, trabajando para la Texas Instruments, abastecedora del Pentágono y de todo lo que fuera la industria bélica, a pesar de que ya había transistores de silicio, Kilby fue uno de los que dio el gran pasa concretando un circuito que sería el primer paso dentro de la microelectrónica y de ahí a la Revolución del Chip no habría más que esperar un poco de tiempo.
 
Las historias del capitalismo están plagadas de espionajes, sospechas, jabonadas de piso, investigaciones paralelas y carreras alocadas. Su consagración, a principios de los '60, tuvo que superar, Tribunales mediante, la controversia entre corporaciones por la patente de los circuitos integrados. Por fin, en 1962 a Kilby le reconocieron la paternidad.
 
Uno de los legítimos popes de la microelectrónica que posibilitó la revolución informática de mediatos de los '70 acaba de fallecer. Toda la memoria y el reconocimiento.