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9.6.05

C.Q.C. TIENE QUE SER C.Q.C. A MUERTE

SI DE DEJAR A LA GENTE COMO TARZAN, EN BOLAS Y A LOS GRITOS, SE TRATA...




Uno de los integrantes del staff que compone el programa que regentea Mario Pergolini, en sus años más mozos, no muy lejanos, tuvo otras inclinaciones. Pasó por la Escuela de Inteligencia de la SIDE porque pensaba ser eso que sale de ahí. Se desconoce que lo llevó a cambiar de rumbo, corregir el rumbo o, en el fondo, elegir el correcto, salvo que bajo otro formato.

El reconocimiento y recuerdo vino por parte de un profesional que tuvo un fugaz paso por el famoso edificio tan cercano a la Casa Rosada y la Catedral como lejano a los intereses populares, en uno de los dichosos intentos de los bien intencionados de tratar de cambiarles en algo las circunvoluciones cerebrales a los futuros aspirantes a buches metiéndoles Instrucción Cívica o Educación Democrática en el bocho.

Viéndolo desempeñarse en el desenfado del programa mencionado o en las producciones especiales de Cuatro Cabezas, el miniemporio televisivo levantado por uno de los hijos dilectos de la ideología y la estética de Gerardo Sofovich -en este caso el de tinte más progre, porque el otro Marcelo Tinelli, no sólo es el más derechoso sino el más percudido-, resulta extraño ver la gracia impertinente, insolente, de quien dejó la vocación del ojo de la cerradura por exponerse a la ferocidad pública y también a la de algún entrevistado, cuando no al desdén y desprecio, pero por sobre todo al temor de ser trasegado por una máquina de ridiculizar a cargo de piolas y cancheros profesionales y muy bien rentados.

En todo caso, la fauna de esa célebre institución también tiene otras perlitas. Más de uno se queda con la tarasca abierta cuando ve en la Obra Social de la UTBA a Monsieur Champagne, como lo bautizó el desaparecido semanario Somos, en virtud del affaire de la extorsión al sanatorio Güemes, al agente activo que era secretario de Derechos Humanos de Ramón Saadi, poseedor de un fundo donde cultiva y cosecha limones muy cerca de la capital, y diseñador del modelo de lo sucedido con María Soledad Morales, devenido en supuesto periodista con credencial que lo acredita como tal extendida por el centenario matutino La Nación.

¡¡¡Maaamá!!!